martes

¿Cómo enseñar a nuestros hijos a tolerar la frustración?

El bienestar emocional es fundamental para tener una buena salud mental, y, para ello, es necesario encontrar un equilibrio entre cuerpo y mente, y saber identificar, controlar y gestionar las emociones.

Muchas veces no somos conscientes de nuestras emociones y estado de ánimo, y de los efectos que pueden producirnos; cambios físicos, alteraciones, inestabilidad, respuestas… y consecuencias.


Para poder entender nuestro cuerpo y nuestra mente, y poder canalizar de forma adecuada dichas emociones (cómo me siento, qué me está pasando, por qué me siento así y qué puedo hacer al respecto…) es necesaria una educación emocional que empiece cuanto antes, en la infancia, tanto en la escuela como en el núcleo familiar.


Para ello, los adultos deben ejercer de ejemplo para los niños, fomentando un correcto ambiente de desarrollo, confianza y seguridad. Sin embargo, aunque se den estos factores, el autoconocimiento y el manejo de las emociones no es fácil, ni es un proceso rápido, y muchas veces nos encontramos con situaciones y respuestas complicadas e inadecuadas que pueden dar lugar a comportamientos poco sanos.


Durante este proceso de desarrollo emocional, los niños, según van creciendo, van pasando por diferentes fases, siendo muy común y frecuente que pasen por una etapa de FRUSTRACIÓN donde deben aprender a tolerar dicha emoción con el fin de garantizar un buen equilibrio emocional.


La tolerancia a la frustración es uno de los aspectos más importantes que hay que enseñar para un adecuado manejo de las emociones, ya que nos permite enfrentarnos de forma positiva a las distintas situaciones que podemos encontrarnos en la vida.


¿Y cuándo se produce la frustración? La frustración es una experiencia emocional que nos invade cuando un deseo, ilusión, proyecto o necesidad no llega a satisfacerse, o no sale como nosotros esperábamos. Esto nos puede producir confusión, enfado, incertidumbre, tristeza, ansiedad, rabia… y tomárnoslo como un fracaso.


Si no enseñamos a los niños a aceptar dichos “fracasos” y situaciones, pueden desarrollar una actitud negativa y agresiva, tener comportamientos inadecuados y problemas de ansiedad.



¿Cómo podemos enseñar a nuestros niños a tolerar la frustración? 


- Dar ejemplo: Tener una actitud positiva ante las adversidades y buscar soluciones ante los problemas, es el mejor ejemplo que les podemos dar.


- No darles todo hecho: los niños necesitan equivocarse y aprender de sus errores. Es importante permitirles alcanzar sus retos por sí solos, aunque el camino sea más largo y difícil, para así poder experimentar la satisfacción por el trabajo realizado.


- Marcarles objetivos: realistas y razonables para su edad, para que sean conscientes de sus posibilidades y capacidades. Esto fomentará un buen desarrollo de su autonomía y autoestima, lo que le dará más confianza en sí mismo.


- Educarlos en la cultura del esfuerzo: Es importante que el niño sepa que es necesario esforzarse, y que el esfuerzo siempre es la mejor vía para resolver algunos de esos problemas, que no siempre se solucionan de forma rápida y sencilla.


- No ceder ante sus rabietas: Si los padres ceden ante sus peticiones, el niño aprenderá que esa es la forma de resolver sus problemas.


- Convertir la frustración en aprendizaje: las situaciones adversas son una oportunidad para que el niño aprenda y retenga estrategias que le ayudarán a afrontar problemas futuros cuando vuelvan a presentarse.


- Enseñarle a ser perseverante: Esencial para superar situaciones de conflicto e incertidumbre, siendo conscientes de que la mayoría de las veces, solucionar un conflicto es un proceso largo donde se necesita constancia y dedicación.


De esta manera, cuando el niño perciba que siente emociones negativas que le desestabilizan emocionalmente, tenderá a actuar adecuadamente para cambiarlas, y poco a poco irá adquiriendo la capacidad de conocer e identificar las emociones, competencia fundamental sobre la cual se construye el control y manejo de dichas emociones.

miércoles

¿Podemos entrenar la empatía?

La base de unas buenas habilidades sociales, para desarrollar unas relaciones sanas, es la empatía. La empatía es la habilidad para reconocer y comprender las emociones de los demás, algo que parece innato en el ser humano, pero, ¿podemos entrenar esa empatía?

Para ello necesitamos desarrollar unas capacidades: 

- Capacidad para asumir el punto de vista de la otra persona; escuchar de forma activa sus argumentos, intentando comprender las razones que expone. Muchas veces estamos más pendientes de lo que vamos a contestar nosotros que de lo que nos están explicando, lo que hace que perdamos detalles y pasemos por alto aspectos que, en muchas ocasiones, son importantes.

- Capacidad para desarrollar una mayor sensibilidad hacia los sentimientos de los demás; ser más comprensivo, tolerante y tener una mente abierta es fundamental para entender su situación y el por qué de sus sentimientos y emociones.

¿Cómo podemos desarrollar estas capacidades? fomentando los siguientes componentes:

- Atención activa: atender al lenguaje verbal y no verbal. El tono de voz, los gestos, la mirada, el movimiento de las manos...toda la comunicación nos transmite información.

- Atención cognitiva: Comprender cómo se siente la otra persona y ante qué. Cuáles son sus sentimientos y emociones, y cuál ha sido el desencadenante.

- Atención emotiva: Experimentar en primera persona las emociones que está siento el otro. Seguramente en algún momento de nuestra vida nos hayamos sentido de la misma manera o similar. Recordarlo nos ayuda a entender cómo se siente en ese momento.

- Atención motora: Técnicas para dar respuestas empáticas (repetir lo que el otro dice, ponerle la mano en el hombro, mirar a los ojos con atención y a la misma altura...)

Cuando escuchamos a alguien con atención plena, le comprendemos y le apoyamos con gestos y palabras, podemos modificar e influir sobre las emociones propias y ajenas, objetivo fundamental de la inteligencia emocional.


martes

¿Cuáles son las competencias emocionales que se deberían trabajar en las aulas?

Últimamente encontramos muchas noticias que nos alertan acerca del estado de la salud mental de muchos colectivos de la sociedad, y cada vez, a edades más tempranas.

Una buena salud mental requiere, en gran medida, una buena educación emocional que actúe de forma preventiva para ayudarnos a enfrentar situaciones complicadas de forma adecuada.

La base de una buena educación emocional siempre se encuentra en el modelo familiar de interacción, cuidado, protección y educación. Pero ¿es necesario seguir trabajándola desde los colegios?

La verdad es que todo lo que podamos trabajarla y complementarla, a nivel individual y colectivo va a beneficiar tanto al alumno, como a su entorno más cercano, ya que repercute en todas sus relaciones: consigo mismo (en forma de aceptación y una autoestima positiva) y con los demás, (con una buena adquisición de habilidades sociales).

Y ¿Cuáles son las competencias emocionales que se deberían trabajar en las aulas?

-          Habilidad para usar vocabulario emocional; saber nombrar todas las emociones para poder identificarlas.

-          Conciencia del propio estado emocional.

-          Habilidad para distinguir las emociones de los demás.

-          Empatía.

-          Habilidad para comprender el propio estado emocional: ¿por qué me siento así?

-          Resiliencia para afrontar emociones negativas.

-          Conciencia de las relaciones (sinceridad expresiva y coherente, reciprocidad o simetría de relación).

-          Capacidad de autoeficacia emocional: aceptación.

Desarrollando estas competencias emocionales, conseguiremos:

-          Un mayor autocontrol que nos ayudará a superar bloqueos emocionales.

-          Apreciar y sacar partido de las emociones propias y ajenas.

-          Un lenguaje emocional adecuado, que nos permita nombrar las emociones e identificarlas.

Para conseguirlas, es necesario trabajar la educación emocional desde pequeños, y durante toda la escolaridad, ya que es un proceso continuo que nos acompañará a lo largo de toda nuestra vida, y nos ayudará a crecer como personas y a conseguir un mayor desarrollo académico, personal y social.